lunes, 27 de octubre de 2014

Un riesgo de fe - el fundador y el acto de fundación

El Padre Boll nos invita a reflexionar sobre el acto de fundación de Schoenstatt en aquel memorable dieciocho de octubre de 1914 y a profundizar en lo acontecido en el alma del Padre Kentenich en aquellos días y semanas posteriores a su charla a los seminaristas.

Alguno puede pensar que en la tarde del dieciocho de octubre citada un sacerdote joven y piadoso se reúne con unos jóvenes en una capilla que estaba más o menos abandonada y se dirige a ellos con una plática; se podría pensar que se trata de una ‘práctica piadosa’ cualquiera cuyo contenido se olvidará pronto, como ocurre con lo escuchado en tantas homilías. Pero el asunto no fue así.

El sacerdote citado, P. José Kentenich, da un salto de fe y vive el momento de fundación como “el mayor riesgo de fe de su vida”; así lo aclarará después a sus hijos espirituales más cercanos. El riesgo de aferrarse en la fe al convencimiento de que Dios tenía un plan de amor con él y con el lugar de Schoenstatt como un lugar de peregrinación. Un salto mortal para el entendimiento, para la voluntad y para el corazón.

En un diálogo con unos estudiantes de teología que tuvo lugar en Milwaukee en el año 1963, el fundador contestó a la pregunta de cuál había sido el riesgo de fe más grande de su vida, si Dachau o el día de la fundación: “Dachau no, sino octubre de 1914, porque los motivos que sostenían el fundamento de mi fe eran muy débiles, y la transcendencia del salto de fe fue mucho mayor”.

Como se puede deducir, el acontecimiento del acto de fundación sólo se podrá entender en su profundidad e importancia desde la fe. La fe práctica en la Divina Providencia es para el Padre Fundador una cosmovisión, su segunda naturaleza. El fundador está convencido en esta ocasión, como en tantas otras, de que Dios tiene un plan y que todo lo que ocurre o permite está orientado a llegar al plan de amor previsto por Él.

El Padre Boll cuenta: “En el atardecer del día 18 de octubre de 1914 hay solamente una persona que sepa de lo ocurrido y que vislumbre en parte la importancia de los hechos para la historia de la iglesia; esa persona es el fundador mismo. En ese momento la tensión en su alma es grande: ¿Qué seguiría a lo acontecido? ¿Confirmaría la “resultante creadora” el significado de lo que él había arriesgado en su confianza creyente? El camino de la aventura del Padre Kentenich como fundador, como instrumento del Dios providente, comenzó en ese día. El Dios de la vida y de la historia, mediante su intervención, había fijado de una vez para siempre el camino concreto y dado el carácter y modalidad decisivos al germen que haría de Schoenstatt un lugar de peregrinación  y de gracias.”

La incógnita para el fundador: ¿responderían los jóvenes seminaristas a la “secreta idea predilecta” que les había transmitido el día dieciocho? Él no haría nada para provocar en ellos una respuesta, él quería esperar a una señal de Dios que le confirmara o no el riesgo de fe por él asumido. De inmediato no se produjo reacción alguna; poco a poco, casi con titubeos, se acercaron uno tras otro los seminaristas, hablaron con él y le dieron su contestación afirmativa. Ese SI creyente de los estudiantes significará para el fundador la confirmación divina que esperaba. Y así, al hacerse visible la “resultante creadora” comenzará a trabajar para concretar la respuesta humana a la oferta de Dios. La semilla plantada el 18 de octubre de 1914 se hará fecunda por la fe de los primeros, como lo ha demostrado la historia de Schoenstatt.


sábado, 18 de octubre de 2014

La fundación de Schönstatt - los hechos

(Nota previa: Hoy, 18 de octubre de 2014, celebramos el centenario de la primera alianza de amor del Padre Kentenich y de los primeros congregantes con María en la capilla del valle de Schoenstatt, lugar que llegaría a ser un centro de peregrinación mariano para todo el mundo, el Santuario Original de Schoenstatt. En ese día comenzó también la historia del Movimiento. Considero un “detalle” de la Divina Providencia que justo en esta semana me toque comentar el capítulo titulado “Die Gründung Schönstatts” – “La fundación de Schoenstatt”, por lo que adelanto la publicación de esta ‘entrada’ en el BLOG a este día 18.)

Desde su nombramiento como Padre Espiritual de los estudiantes palotinos en 1912 el trabajo del Padre Kentenich se había centrado en la labor pedagógica con los jóvenes. En el año 1914 se dará una intervención especial del Dios de la vida: el comienzo de la primera guerra mundial cambiará muchas cosas, pero será otro acontecimiento, aparentemente insignificante, el que pondrá al joven sacerdote ante una “petición” especial de la Divina Providencia; será la “pequeña puerta abierta” para la mente y el corazón del Fundador, a través de la cual tendrá que pasar, dando una respuesta personal a la “sugerencia divina” y haciendo posible de esta manera la realización de los planes divinos.

En julio de 1914 cae en las manos del Padre Kentenich un periódico local con un artículo escrito por un capuchino que informaba a los lectores de un reciente viaje a Italia, a un lugar de peregrinación en el Valle de Pompeya cerca de Nápoles. Hacía unos años que un abogado italiano, Bartolo Longo, había construido en ese lugar un templo a la Santísima Virgen con algunas casas dedicadas a la acogida de niños y jóvenes indigentes. Al poco tiempo el templo se había convertido, por la afluencia de fieles que lo visitaban – y lo visitan –, en un Santuario de María, un lugar de peregrinación para la comarca y más allá. Se trataba de la fe de un laico que por propia iniciativa había fundado, por así decir, un Santuario. Sin visiones ni apariciones el cielo había mostrado su conformidad a estos planes a partir de la reacción y respuesta del pueblo creyente. Una “historia de conducción divina” que se construye por la respuesta humana a las indicaciones y a los deseos del Dios de la vida.

La lectura del artículo provoca en el interior del Padre Kentenich una inquietud especial: ¿no podría acontecer aquí en Schoenstatt lo mismo que en el Valle de Pompeya? La idea le persigue día y noche. ¿Sería verdaderamente posible que Dios le estuviera mostrando un gran plan a través de una señal tan pequeña? ¿No sería todo una equivocación y un engaño? ¿Y si los planes de la Divina Providencia dependieran de su respuesta afirmativa? Durante estas semanas (julio-octubre 2014) mantiene una gran lucha interior y finalmente decide responder con un sí a lo que él cree que es verdaderamente una iniciativa divina.
Su fe le lleva a responder a la invitación que le hace Dios para realizar con Él uno de sus grandes planes de amor: la fundación del Movimiento de Schoenstatt. Los estudiantes regresan de las vacaciones, y el 18 de octubre de 2014 se reúne con ellos en la capilla del valle de Schoenstatt dirigiéndoles unas palabras que los jóvenes escucharán atentamente y a las que después darán también su respuesta afirmativa. Es el “Acta Primera de Fundación”.

Con pocas palabras describe el Padre Kentenich a los jóvenes de lo que se trata: 
Pero si ustedes quieren saber el origen de este anhelo (alcanzar el mayor grado posible de perfección y santidad, según su estado), me parece que puedo manifestarles una secreta idea predilecta.
San Pedro, después de haber contemplado la gloria de Dios en el Tabor, exclamó arrebatado: ‘¡Qué bien estamos aquí! ¡Hagamos aquí tres tiendas!’ Una y otra vez vienen a mi mente estas palabras y me he preguntado ya muy a menudo: ¿Acaso no sería posible que la capillita de nuestra Congregación al mismo tiempo llegue a ser nuestro Tabor, donde se manifieste la gloria de María? Sin duda alguna no podríamos realizar una acción apostólica más grande, ni dejar a nuestros sucesores una herencia más preciosa que inducir a nuestra Señora y Soberana a que erija aquí su trono de manera especial, que reparta sus tesoros y obre milagros de gracia. Sospecharán lo que pretendo: quisiera convertir este lugar en un lugar de peregrinación, en un lugar de gracia, para nuestra casa y toda la provincia alemana y quizás más allá. Todos los que acudan acá para orar deben experimentar la gloria de María y confesar: ¡Qué bien estamos aquí! ¡Establezcamos aquí nuestra tienda! ¡Este es nuestro rincón predilecto! Un pensamiento audaz, casi demasiado audaz para el público, pero no demasiado audaz para ustedes. ¡Cuántas veces en la historia del mundo ha sido lo pequeño e insignificante el origen de lo grande, de lo más grande! ¿Por qué no podría suceder también lo mismo con nosotros? Quien conoce el pasado de nuestra Congregación no tendrá dificultades en creer que la Divina Providencia tiene designios especiales respecto a ella”.

Su secreta idea predilecta: invitar a la Santísima Virgen a que actúe desde aquí en forma especial y que transforme este lugar tan insignificante en un lugar de peregrinación con unas características muy especiales. Si las frases: “una y otra vez vienen a mi mente…” y “cuantas veces ha sido lo pequeño e insignificante el origen de lo grande, de lo más grande” muestran la lucha de fe del Padre Kentenich en el verano de 1914, lo que más llama la atención es su seguridad en la interpretación de los planes divinos.
La reacción de los jóvenes y la historia posterior mostrarán lo acertado de este proceder. Dios actuará y mostrará la resultante creadora de lo realizado el día 18 de octubre: la alianza de amor entre el Fundador y la Santísima Virgen, entre los primeros congregantes y Ella convertirá la capilla en un lugar de peregrinación y será el origen y fundamento del Movimiento de Schoenstatt.

     

lunes, 13 de octubre de 2014

La seguridad del péndulo

El Padre Boll nos sigue hablando en estas páginas del libro sobre “el hombre de fe” que él encontró en el Padre Kentenich. Se refiere en primer lugar a la seguridad que le caracterizaba en sus relaciones con el Dios de la vida: cuando el Fundador hablaba de lo ocurrido, por ejemplo, en la historia del Movimiento de Schoenstatt, relataba no solo los hechos como una realidad concreta en un momento dado, sino que los veía y describía como el resultado de la  actuación de Dios y de la respuesta humana a los deseos divinos. Y esto no era en él una disquisición intelectual, sino que se trataba de experiencias existenciales que se apoyaban en una teología espiritual de la experiencia. Así, cuando el Fundador se refería a la seguridad que le da al hombre de fe la confianza en Dios, la definía como “la seguridad del péndulo”. El creyente, como un péndulo, está anclado y bien seguro “arriba”, en Dios, pero a la vez está expuesto “abajo” a la realidad terrenal que lo puede mover y lo mueve con muchos vaivenes e inseguridades.

En el trato personal con el Padre Kentenich, Boll fue adquiriendo un conocimiento mayor sobre la personalidad del Fundador. Dios lo había enriquecido con abundantes gracias, pero lo que más le caracterizaba era la imagen que tenía del Dios de la vida y su continuo esfuerzo por descubrir la voz divina en los acontecimientos concretos de la vida. Siempre estuvo dispuesto a responder a las indicaciones y a los deseos de Dios con una flexibilidad que nunca se debilitaba. Fue el hombre convencido de una “historia de conducción divina” que se va construyendo con el devenir de los acontecimientos. Él citaba a menudo a San Ignacio de Loyola: "Deum quaerere, Deum invenire in omnibus" - "Buscar a Dios, encontrar a Dios en todo".

Precisamente las palabras – “historia de conducción divina” – son la expresión más precisa de la experiencia que supone vivir en y desde la fe en la Divina Providencia. Así ocurrió en la historia de salvación, antiguo y nuevo testamento, y así ocurrió también en la vida del Padre Kentenich y del movimiento qué él fundó. Los cauces por los que el Dios de la vida eligió a sus “colaboradores” y los utilizó para conducir a su pueblo a través de los tiempos fueron muy similares en la historia de salvación y en la historia de Schoenstatt, salvando, claro está, las circunstancias distintas que se daban en ambos casos.

Como Abraham, el Padre Kentenich fue elegido para ser padre de muchos hijos en la fe y así conducirlos a Dios. Para eso tuvo él mismo que experimentar los claroscuros de la fe, luchar como Job con el Dios de la vida. En alguna ocasión el Fundador habló del “martirio de la fe en la Providencia”: quien se deja conducir tan intensa y exclusivamente por Dios, y hace depender totalmente sus decisiones de las señales divinas, tiene que estar dispuesto a experimentar no solo la claridad gozosa de la luz sino que tiene que contar también a veces con la más absoluta oscuridad.

El Padre Boll cuenta que en una ocasión el Padre Kentenich le habló de todas las dificultades de su vida, de las acusaciones e incomprensiones a las que fue sometido. Al final del relato, después de un largo silencio, el Fundador dijo en voz baja: “Que yo haya soportado todo a lo largo de mi vida, y que a pesar de ello haya sido capaz de seguir trabajando …… sería absolutamente inexplicable sin una experiencia profunda de Dios”. José Kentenich, un hombre de fe que ha llegado a ser padre en la fe de otros muchos que providencialmente le han conocido.

lunes, 6 de octubre de 2014

En diálogo con el Dios de la vida

En las páginas 45 a la 54 de su libro, el Padre Boll nos habla del “hombre de fe” que él encontró y admiró en José Kentenich. Así lo escribe: “Cuando se me regaló la oportunidad de conocer al Padre Kentenich y después, al poder trabajar junto a él, tuve desde el principio la impresión: aquí hay un hombre que cree de forma bien concreta en la acción de Dios en su vida y que se atreve a responder de forma activa a la misma.”

La imagen del Dios de la vida – junto a su talento pedagógico - es lo que caracteriza al fundador de Schoenstatt. En su presencia, y aunque no se hablara de temas de fe, se experimentaba de alguna forma la presencia de Dios. El Padre Kentenich llamaba a esta íntima vinculación a Dios “fe activa en la Providencia”. Hay que decir que esta característica apunta al núcleo de su personalidad y da forma a toda su espiritualidad.

El que entra en contacto con el Movimiento de Schoenstatt percibe rápidamente que cuando sus miembros hablan de la “Providencia”, se están refiriendo a algo más de lo que la Iglesia ha entendido hasta ahora en general cuando se nombraba a la “Providencia” o a la “fe en la Providencia”. Nuestra fe nos decía y nos dice que Dios tiene un plan concreto para la vida de cada persona y cada comunidad. Normalmente cuando se presentan los problemas, sufrimientos y dolores, nuestra fe en la Providencia nos ayuda a reconocer en ellos la mano providente de Dios, aunque no lo entendamos. Pero en cierta forma mostramos una actitud pasiva en la aceptación de lo ocurrido. ¡Es lo que Dios quiere! ¡Es su voluntad!, pensamos y decimos.

El hombre de una “fe activa en la Providencia” (también se dice: “fe práctica en la Providencia”) va más allá de la concepción antes citada. De la mano del Padre Kentenich sabe que Dios tiene previsto desde toda la eternidad un plan concreto para cada persona, pero que el mismo Dios supedita la realización de ese plan a la activa colaboración de la persona. Ese Dios de la vida entra en diálogo con el hombre a través de los acontecimientos concretos deseando provocar una respuesta humana. Dios quiere de alguna forma ganar al hombre para que “participe activamente en los acontecimientos”. Es evidente que en este diálogo el hombre se enfrenta a un riesgo importante: ¿habré entendido bien a Dios? El Padre Kentenich asumió el riesgo e invitaba y sigue invitando a la Iglesia de los nuevos tiempos y a sus miembros a que descubran y vivan según esta forma de fe activa en la Providencia.

Si se reflexiona sobre la historia del Movimiento de Schoenstatt hay que decir que este movimiento de renovación eclesial es hijo de la fe práctica en la Divina Providencia; el resultado de una iniciativa divina y de la respuesta que el Fundador y sus hijos han dado a la misma. Sin duda, esta fe constituye uno de los aportes más valiosos que Dios quiere regalar a la Iglesia de nuestro tiempo a través del Padre Kentenich: "una búsqueda activa del Dios de la vida y de la historia y una respuesta comprometida y arriesgada que involucra toda nuestra existencia. Es un auténtico camino de santidad para el hombre actual".


lunes, 29 de septiembre de 2014

El paradigma de la libertad

El ideal del “hombre nuevo” que el Fundador de Schoenstatt tenía desde el principio en su corazón y en su horizonte pedagógico para él y para sus hijos espirituales no sólo acentúa en su núcleo principal la característica de la “reciedumbre” o “firmeza”, sino que se fija aún más en la “libertad”. Él deseaba que los suyos se educaran como personalidades libres. Libertad que se sabe creadora de vida porque es una libertad “de” y una libertad “para”, y libertad que nutre al alma de vínculos libremente elegidos y libremente asumidos.

La novedad de la intuición original en el pensar del Padre Kentenich que se resume en el “hombre nuevo” es precisamente la sensibilidad por la libertad. Es interesante constatar la simultaneidad histórica entre los ideales de Schoenstatt con lo que acontece en el mundo. En uno de sus escritos el Fundador se refiere ya en el año 1949 a la “secreta simpatía que une a Schoenstatt con el tiempo”. En la terminología científica moderna se habla de un nuevo paradigma, el paradigma de la libertad, algo universalmente reconocido, un modelo, que nos define como personas y como sociedad. Para José Kentenich será "libertad" la idea-guía (leitmotiv) de su pedagogía.

El cambio de la sensibilidad en las personas requiere por tanto un cambio radical en la educación de las mismas. Y precisamente la propuesta pedagógica del Padre Kentenich está orientada por esa nueva situación anímica de los educandos. Desde el principio se destaca en él una apertura a las voces de Dios en los nuevos tiempos. Su divisa será siempre: “vox temporis – vox Dei”. Ante el paradigma de la libertad, el desafío de educar en libertad y para la libertad. 
El Padre Boll escribe en su libro que “precisamente en el ámbito interno del catolicismo, con una vinculación muy estrecha a la tradición, se necesita tener una gran valentía y una gran fuerza resolutiva para actuar de esta forma”. En las conversaciones entre el autor del libro que comento y el Fundador pudo el primero captar el convencimiento que tenía el Padre Kentenich de que la Divina Providencia había querido que Schoenstatt con su propuesta pedagógica fuera la respuesta adecuada a las necesidades y sensibilidades de los nuevos tiempos.

Aunque en la primera meta de Schoenstatt se acentúe también el aspecto de la “comunidad nueva”, lo cierto es que la libertad constituye siempre de alguna manera su “sabor fundamental”. Libertad, que no se entiende en forma autónoma, intra-mundana e individualista, porque “el hombre sólo llega a ser libre en el amor y en la vinculación orgánicas”. El Padre Kentenich recuerda también que “la libertad se corrompe cuando se torna en subjetivismo y mero apetito de autonomía”. Él indicaba a menudo que la libertad sólo es posible, absolutamente hablando, en la vinculación.

Es interesante constatar finalmente que el Dios providente puso en el corazón del Padre Kentenich, ya desde niño, el anhelo por la libertad, queriendo con ello avanzar también en su persona el camino pedagógico de su fundación, el Movimiento de Schoenstatt.

  

lunes, 22 de septiembre de 2014

"Personalidades recias, libres y sacerdotales"

En este capítulo el Padre Boll nos descubre una de las habilidades del Fundador de Schoenstatt en su labor pedagógica, sobre todo con ocasión de sus charlas y conferencias a los grupos y personas del Movimiento: El Padre Kentenich solía referirse en sus palabras a situaciones concretas – según caso y adaptándose a la capacidad sicológica de sus oyentes –, aportando sin embargo en su presentación principios de amplio alcance y válidos en general que servirán de pauta y orientación para todos los oyentes. Es lo que ocurre con su primera charla, la de octubre de 1912 a los estudiantes a él confiados. La charla es conocida en Schoenstatt como “Acta de pre-fundación”.

Con el título de “PROGRAMA” (será también su programa de vida) recoge en una frase concisa y significativa del texto el mensaje central de su programa pedagógico y de vida: “Bajo la protección de María, queremos aprender a educarnos a nosotros mismos, para llegar a ser personalidades recias, libres y sacerdotales” (aquel día hablaba a seminaristas palotinos). El núcleo esencial de su proyecto se expresa en las palabras: “personalidades recias y libres”. A partir de aquí  y en un “diálogo educativo” con los educandos, el Padre Kentenich desarrollará todo un sistema pedagógico que perseguirá la formación del carácter y de la personalidad de cada uno, para despertar en el individuo actitudes espirituales básicas que le lleven a actuar según principios y valores claramente reconocidos y aceptados. Es importante tener en cuenta que éste diálogo pedagógico será ya anunciado a los jóvenes en la misma charla; él les dirá al respecto: “Queremos aprender. Por tanto, no solo ustedes, sino también yo. Queremos aprender unos de otros”.

Esta meta pedagógica es un aspecto esencial de la visión que tiene el Padre Kentenich sobre “el hombre nuevo en la nueva comunidad”. Con esta meta en el horizonte, el Padre Fundador busca ganarse a los jóvenes, y más tarde a todos sus hijos espirituales, para que se esfuercen en su autoeducación, en medio de un mundo caracterizado por descubrimientos y avances científicos fantásticos, y en cuya dinámica el hombre está perdido porque no es capaz de abarcar los mismos, dado que el desarrollo interior de las personas no ha podido mantener el ritmo del progreso mencionado. 

La solución que nos propone el Fundador es la de educar y autoeducarse para llegar a ser personalidades recias, autónomas y libres, que sepan decidirse por sí mismas y actuar según los principios y valores previamente reconocidos y aceptados. Al ser después consecuentes con los mismos, no seremos esclavos del ambiente, de la ciencia o del progreso, sino, al contrario, estaremos capacitados para encauzarlos y dominarlos en provecho y para el bien de cada uno y de los demás.

El trabajo con los seminaristas avanzará en los meses sucesivos. Basándose en la tradición de los jesuitas, el Padre Kentenich y los estudiantes fundaron en el seminario, después de un año de experiencias comunitarias (1913), una congregación mariana en la que los jóvenes desarrollarán en total libertad sus capacidades y pondrán en juego sus anhelos y fuerzas juveniles para prepararse como futuros misioneros palotinos. Con este fin buscaba y promovía el Padre Kentenich la autonomía e iniciativa de los estudiantes. En la charla mencionada se lo explicaba de esta forma: “Nosotros queremos, no yo. Porque en este sentido no haré nada, absolutamente nada, sin el pleno consentimiento de ustedes. No se trata aquí de un trabajo pasajero, sino que de una estructura que sirva para todas las generaciones futuras”.

Desde aquel día la meta pedagógica quedará definida, no sólo para los primeros congregantes sino para todos los miembros de la Familia de Schoenstatt: “Queremos aprender a educarnos bajo la protección de María como personalidades recias y libres”.

     

lunes, 15 de septiembre de 2014

El hombre nuevo en la comunidad nueva


En su anhelo de dar a conocer la persona del Fundador de Schoenstatt, el Padre Boll inicia su andadura mostrando algunos rasgos característicos del talento pedagógico del Padre Kentenich, comenzando con la idea del “hombre nuevo y de la comunidad nueva”. Palabras familiares para los miembros del Movimiento, dado que las mismas son el enunciado del primer y fundamental fin o meta de Schoenstatt. 
(Añado para los que se acercan por primera vez a la figura del Padre Kentenich que este “hombre nuevo” tiene en Schoenstatt tres características distintivas: es un hombre libre; es un hombre anclado “en el más allá”, y es un hombre comprometido históricamente con los hombres y con el mundo.)

En el texto del capítulo que comento captamos que esta idea no fue el resultado de una elaboración teórica, propuesta o enunciado de una posible meta para el Movimiento, sino que fue una “idea innata” regalada por Dios al Fundador ya en sus años de niñez y juventud. Está claro que el niño Kentenich no hubiera podido expresar de forma reflexiva estas palabras, pero sí es cierto que esta imagen vivía en lo más profundo de su alma. Será después, pasados los años, cuando se muestre con toda claridad en su labor pedagógica.

Él mismo lo explicará en unas reflexiones que hizo para su comunidad más cercana y que el Padre Boll trae al libro que comento: “Es conocido que ya en mi niñez tenía ante mis ojos el ideal del hombre nuevo y de la comunidad nueva, que se orienta siempre hacia el nuevo horizonte de los tiempos sin por ello cortar el contacto con el pasado. Al principio la idea vivía en mí en unos contornos muy generales. Pero año tras año fue tomando cada vez más una forma concreta, que se arraigó fuertemente en mí a través de las circunstancias del nuevo tiempo. Cuando recibí el encargo pedagógico – fue en el año 1912 – pude iniciar ya mi trabajo con planes ya preparados. Más tarde lo llamé “idea innata”. …… Innata no en el sentido filosófico, normal, sino desde el punto de vista pedagógico. Esto es: la misma no había sido tomada en su totalidad de alguien en concreto, sino que creció en mí a partir de mis observaciones sobre mí mismo y sobre los demás, sin influencia de otros maestros o sistemas. Se trató siempre del ideal del hombre nuevo en la comunidad nueva con un sello apostólico universal”
O sea, se trata de algo que Dios puso en el alma del joven José Kentenich para que, según dirá él mismo años después, pudiera llegar a ser “padre” de muchos “en la fe”. Esa paternidad comienza a manifestarse con el encargo de “Director Espiritual” en el año 1912. En ese momento “él ya estaba listo”.

“Año tras año fue tomando una forma concreta”: a este conocimiento llegaría el Padre Kentenich a través de sus vivencias como niño en un pequeño pueblo alemán - adonde se vivía el inicio de un cambio cultural por la cercanía pujante del mundo industrial -, a través de su experiencia escolar, por la destacada actitud pasiva asignada al educando y la total carencia de vínculos entre el educador y los educandos, y entre ellos mismos, y por último a través de los problemas de salud y de la propia crisis juvenil que sufrió el mismo Kentenich en el seminario. Al referirse a estas experiencias el Fundador dice: “No hubo ninguna persona (terrena) que ejerciera una influencia personal en mí, durante todos mis años de formación. Sólo María fue mi educadora”.

Lo que vivía en su corazón como gracia y desafío se mostrará con el tiempo en una misión y carisma para regalarlo a los demás. El Padre Kentenich lo vivirá personalmente con ocasión de la primera charla que dio el 27 de octubre de 1912 como Director Espiritual a los estudiantes palotinos que le habían sido encargados: el mundo que él poseía en su interior se muestra por primera vez en público y comienza a ser efectivo pedagógicamente, penetrará la totalidad de las vidas de sus educandos. 
El Fundador lo explica así: “Es de gran importancia saber que el mensaje que yo trasladé entonces a los jóvenes con una cierta solemnidad puso también de manifiesto en líneas generales el sentido de mi vida. Se trata por tanto no sólo de un acontecimiento importante para la historia de la Familia sino también para mi propia historia de vida”. El don que recibió el Fundador, la “idea innata” regalada por Dios,  será la misión de su fundación para todos los tiempos: de la mano de María educar al hombre nuevo y formar la nueva comunidad.


lunes, 8 de septiembre de 2014

Padre José Kentenich - una personalidad de fundador


Transformado por el encuentro personal con el Padre Fundador y en la fuerza de ese encuentro, el autor del libro que comento profundizará en el mundo espiritual de esta gran personalidad que Dios puso en su camino. A ello contribuirá también un continuado estudio de los escritos  del Padre Kentenich y una cuidada reflexión en la comparación entre el mundo espiritual de Schoenstatt y su Fundador con las demás corrientes de pensamiento y posiciones en la sociedad y en la iglesia.

“En este libro se trata no tanto de una descripción de algunos aspectos de la personalidad o de la actividad del Padre Kentenich en una secuencia biográfica cronológica, se intenta más bien captar toda su figura y poner de manifiesto el significado de su misión.” Así resume el Padre Boll su propósito de llevar al libro los aspectos más importantes de la persona y de la misión del Fundador. Con ello invita a los futuros lectores a comprender cómo Dios llamó y preparó al Padre Kentenich con vistas a realizar sus planes de regalar a la Iglesia un nuevo movimiento de renovación eclesial.

La tarea propuesta no es fácil; el Padre Boll utilizará también, como lo hizo el Fundador en alguna ocasión, la figura de la esfera para explicar la complejidad de abarcar completamente la vida y misión de la personalidad de fundador. Cuando se contempla una cara de la esfera, quedan escondidas las otras partes de la misma. El intento de buscar la totalidad exigirá paciencia y tiempo; habrá que girar poco a poco la misma. Solamente la visión conjunta de todos los puntos de vista puede descubrir el todo.

Para llevar a cabo su propósito dividirá el libro en dos partes importantes: en la primera nos hace llegar en cinco capítulos diversas facetas de la persona del Fundador y de su actuación. Se trata ante todo de tres características que marcan inconfundiblemente su figura: la primera será su talento y dotes pedagógicas, y junto a ella su apertura ante el Dios de la vida con su acentuada disponibilidad para dejarse conducir por ÉL en una activa fe en la Divina Providencia. Luego nos hablará de su relación personal con María y del profundo amor a ella, que ya desde niño marcó la vida y la actuación del Fundador. Son tres aspectos que forman parte de una unidad orgánica, pero que son tratados por separado en el intento de plasmar mejor la personalidad del Padre Kentenich y a través de ésta las características de su fundación, el Movimiento de Schoenstatt. Fundador y fundación fueron y serán siempre una misma cosa.

En el siguiente capítulo nos hablará de una cuarta faceta del Fundador: el desarrollo de la espiritualidad tridimensional de Schoenstatt y su originalidad: la forma de vivir la fe en Cristo de los schoenstattianos, en un esfuerzo por la santidad de la vida diaria, con una espiritualidad de instrumento y en una espiritualidad de alianza. Y finalmente se esfuerza por traer a sus lectores algo fundamental para poder captar la forma y el método del pensamiento del Padre Kentenich. Esta materia la tratará en el capítulo quinto bajo el título de “Visión orgánica del mundo”.

En la segunda parte del libro podremos finalmente profundizar en el concepto pedagógico del Padre Kentenich. Con ello el Padre Boll nos anima a reconocer o conocer mejor la misión del Fundador y de llevar sus anhelos principales a nuestro diálogo con el mundo de hoy.           


lunes, 1 de septiembre de 2014

El encuentro personal

No hay experiencia humana más hermosa y plena que el encuentro personal con un tú. ¿Puede el lector recordar alguna vivencia parecida en su vida? Si es así, recordará también que en ese preciso instante el otro, el tú, no hablaba, sólo escuchaba; él estaba allí plenamente para mí, y yo notaba que mi persona era lo más importante para él. Y entonces puede surgir una cercanía espiritual entre ambos, que no necesita ser tematizada ni analizada. Es “el encuentro”. Me parece que estos encuentros personales son las pequeñas profecías del encuentro definitivo con el TÚ con mayúscula, el encuentro con nuestro Dios en la eternidad.

Esto fue lo que le ocurrió al joven Günther M. Boll cuando se encontró por primera vez con el Padre Kentenich, con el Fundador de Schoenstatt. Tenía veintiocho años. Cuatro años antes el joven Boll había sido expulsado junto con otros compañeros del seminario de los Palotinos con la seria amenaza de que nunca llegarían a ser ordenados sacerdotes. Dejemos que sea el mismo Padre Boll quien nos lo cuente: 

“Como estudiante del noviciado de los Palotinos (a partir de 1951/1952) estuve implicado en  la polémica referente al Padre Kentenich durante el tiempo de su exilio. Muy pronto tuve claridad de que en este asunto se jugaba mucho más que la aclaración objetiva de algunas cuestiones controvertidas. En la historia de salvación se dan siempre momentos en los cuales la misteriosa conducción de la Divina Providencia introduce a las personas en la órbita de una misión divina. El “sí” a esa historia de conducción provocará un ‘cambio de aguja’, un cambio de vía para toda la vida. Para mí el punto culminante de esta conducción fue el encuentro personal con el Padre Kentenich en Milwaukee, en el año 1959. ….. Desde el principio noté que en este encuentro se ponían en juego dentro de mí fuerzas espirituales muy profundas. Yo nunca había experimentado sensación semejante. Desde lo más íntimo de mi ser surgió algo que me movía sobremanera. Exteriormente transcurría todo tranquilamente y sin llamar la atención, pero estaba claro que mi destino estaba en juego. Dios tenía su mano en los acontecimientos.”

El Padre Boll estuvo cuatro semanas con el Padre Kentenich en Milwaukee. El primero llegó al lugar del exilio con muchas preguntas sobre los acontecimientos y sobre la misma vida del Fundador. Este último le dedicó al recién llegado mucho tiempo, varias horas al día. Le posibilitó además el conocimiento de muchos escritos y estudios sobre los temas tratados. Pero lo más admirable fue que con el paso de los días y de las horas la conversación fue cambiando: el joven Boll experimentaba algo especial, algo que le asombró. Con toda naturalidad podía hablarle al Padre Kentenich de temas muy personales; de pronto se dio cuenta que ya no le daba vergüenza hablar sobre sí mismo. Tuvo la seguridad de que el Fundador estaba allí solo para él. Se había producido el verdadero encuentro personal. 
Todo lo acontecido lo explica y resume el Padre Boll en su libro con una anécdota ocurrida en Milwaukee: el Padre Kentenich había recibido a una señora que quería hablar con él. Al final de la conversación el Padre poniendo su mano sobre el corazón le dijo: “Y todo eso  vive ahora aquí”. La señora se lo contó después al Padre Boll; éste consideró la experiencia como propia y vio en el gesto de la mano en el corazón el resumen de sus vivencias. “Al final de las cuatro semanas supe que mi vida había cambiado, y que esta experiencia estaría siempre actuando en mí, y así fue.”

Nos cuenta el Padre Boll en su libro que fue un hermano de comunidad, el Father Jonathan Niehaus (1960-2012), el que le animó a contar en las páginas del mismo lo ocurrido en el primer encuentro con el Padre Kentenich en Milwaukee. Quiero intuir que con este capítulo el autor del libro deseaba además que sus lectores captaran la importancia de los vínculos personales. Desde los comienzos del Movimiento de Schoenstatt fueron estos encuentros personales los que marcaron la vida y el acontecer pedagógico del mismo. Sin estos encuentros no se entendería el “entrelazamiento de destinos” existente entre el Fundador y su séquito. El Padre Kentenich mismo le dijo al Padre Boll que sin estos vínculos personales no sería posible la existencia de Schoenstatt. En el pequeño y desapercibido trabajo de las conversaciones y del acompañamiento espiritual fue creciendo el Movimiento. Por eso el significado de la frase “ante todo mi corazón”, que se pronunció en el origen de Schoenstatt, seguirá siendo el proceso clave y necesario para todo lo que surja en el futuro.



lunes, 25 de agosto de 2014

Contexto histórico (2)

Me llama la atención el hecho de que el Padre Boll al reflejar en su libro el contexto histórico en la vida del Padre Kentenich dedique más atención y espacio a los años de la “visitación apostólica” a Schoenstatt y al tiempo del exilio del Fundador en Milwaukee que al resto de su vida. Quiero entenderlo pensando que el mismo Padre Boll durante esos años tuvo que tomar posición respecto a los temas y posturas que motivaron la polémica en torno a la figura del Fundador y que los mismos repercutieron en su propia vida y misión.

Lo primero fue la visitación apostólica que el obispo de Tréveris Dr. Bernhard Stein realizara a Schoenstatt en febrero del año 1949. En ésta la autoridad eclesiástica pudo estudiar y comprobar los principios schoenstattianos, y lo hizo en la comunidad de las Hermanas de María, primer instituto secular de Schoenstatt y del cual era el Padre Kentenich su director. El informe del visitador da por correcta y buena la fidelidad de Schoenstatt a la iglesia, pero se muestra muy crítico con algunas formas pedagógicas vigentes en el instituto citado, en concreto la fuerte vinculación de las Hermanas a la persona del Fundador y director de la comunidad.

El Padre Kentenich recibe este informe en América del Sur. En el mismo constata la existencia de algunas posiciones de ciertos círculos de catolicismo alemán con las que él no está de acuerdo. Entonces aprovecha la ocasión y escribe desde América la conocida “epistola perlonga” en donde explica sus puntos de vista, enviándola desde Chile a Alemania el 31 de mayo de 1949. La carta no es entendida en los círculos citados y hace que el obispo de Tréveris lleve el asunto a Roma y acuse al Padre Kentenich de ejercer un estilo “dictatorial” y “soberbio”. El resultado de estos hechos es una visitación apostólica de Roma llevada a cabo en el año 1951 por el jesuita Padre Sebastian Tromp SJ. Este dicta su veredicto destituyendo al Padre Kentenich en su función de director  general de las Hermanas de María y enviándole al exilio en Milwaukee/USA (1951 – 1965).

Coincidiendo con el principio de la visitación se da otro asunto del que el Padre Boll es un testigo excepcional (él era entonces novicio de los Palotinos): se trata de la relación entre el Movimiento de Schoenstatt y la comunidad de los Palotinos, comunidad fundada por San Vicente Pallotti. Hay que recordar que pocos años antes los superiores del Padre Kentenich habían decidido que éste se dedicara exclusivamente a la formación y dirección del incipiente Movimiento Apostólico. Sobre la postura del Padre Kentenich en este asunto el Padre Boll escribe: “El Padre Kentenich tiene el convencimiento de que la idea original de Vicente Pallotti para su fundación va mucho más allá que la de fundar una comunidad u orden religiosa. La novedad surgida en Schoenstatt y la interpretación de que este Movimiento fuera la concretización de la idea original de Pallotti, habría sido el motivo de la decisión de sus superiores. Para el Padre Kentenich y su visión adelantada al tiempo el hecho citado revelaría los planes de la Providencia, de los cuales él mismo está convencido durante años: en el Movimiento de Schoenstatt se deben agrupar diferentes grupos y círculos relacionados con el apostolado católico, creciendo la comunidad de los Palotinos como el polo central y motivador del Movimiento (“pars centralis et motrix”)…… El Padre Kentenich intenta durante muchos años que esta comunidad haga suya la espiritualidad del Movimiento de Schoenstatt…..”. Sin éxito.

El protagonismo de las instancias del Santo Oficio en Roma con sus prohibiciones y destituciones de destacados dirigentes del Movimiento de Schoenstatt y la falta de diálogo con el mismo Padre Kentenich, al que nunca se le escuchó durante los años del exilio, como escribe el Padre Boll, llevarán a que se formen opiniones adversas y negativas  respecto al Fundador de Schoenstatt, y a que éste tenga que esperar en su silencio de Milwaukee a que providencialmente se convoque y se celebre el Concilio Vaticano Segundo (1962 – 1965). El mismo Papa Pablo VI decretará la total libertad y rehabilitación del Padre Kentenich, volviendo éste a Schoenstatt en la Navidad de 1965. Allí podrá dedicarse sin limitación alguna a completar su fundación y las diversas comunidades de la misma hasta el fin de su vida en septiembre de 1968.

En el año 1964 se había decretado por parte de Roma la separación entre los Palotinos y Schoenstatt, y en 1965 se fundará la nueva comunidad de Padres de Schoenstatt, que serán a partir de entonces la “pars centralis et motrix” del Movimiento. A ella pertenece desde su fundación el mismo Padre Boll, siendo miembro de la dirección de la misma desde su fundación el 18 de julio de 1965 hasta el año 1998.


lunes, 18 de agosto de 2014

Contexto histórico (1)

Después de leer las primeras páginas del libro y repasar el índice me doy cuenta que el Padre Boll no quiere escribir una biografía del Padre Kentenich, ni siquiera pretende aportar una exposición científica y detallada de su espiritualidad; en el fondo trata sólo de dar un testimonio de todo aquello que él pudo apreciar y constatar de la vida y misión del Fundador de Schoenstatt desde el primer momento en que se conocieron en el año 1959.

Por eso, al presentar el contexto histórico en la vida del Fundador, el Padre Boll no se detiene en los datos biográficos de su niñez y juventud, ni siquiera en el tiempo de su formación al sacerdocio. Podemos leer, eso sí, cómo fueron los inicios del Movimiento desde que el P. Kentenich fue nombrado director espiritual de los estudiantes palotinos en Schoenstatt en el año 1912, cómo creció el Movimiento en Alemania después de la primera guerra mundial y cómo durante la década de los años 1930 y 1940 el Padre Kentenich recibía en Schoenstatt a miles de sacerdotes del clero alemán que asistían regularmente a los ejercicios espirituales que él mismo impartía en la “casa de ejercicios” que el Movimiento construyó en Schoenstatt y que es conocida como la Bundesheim (Casa de alianza). En las diócesis católicas alemanas creció así el Movimiento, ayudado por la influencia de los párrocos que veían en los miembros del mismo una entrega apostólica importante y desinteresada.

Por otra parte con la llegada a Alemania del poder nazi, éste consideró a Schoenstatt y a su fundador como uno de los más peligrosos enemigos del régimen, por lo que muchos sacerdotes schoenstattianos y también el mismo Padre Kentenich acabaron en los campos de concentración, este último en el de Dachau, de donde providencialmente salió con vida en el año 1945.

Es interesante constatar, como bien describe con toda sinceridad y fidelidad el Padre Boll, que para el Fundador de Schoenstatt el futuro de su obra no estaba en Alemania, por lo que pronto inició una serie de viajes por el mundo para llevar a otros países la buena nueva de Schoenstatt. Boll escribe: “Su encuentro (el del Fundador) con la mentalidad latina le permite captar con exactitud las diferencias entre la espiritualidad que existe en América del Sur y la de Alemania. La apertura y la capacidad de entender a Schoenstatt y a su espiritualidad en los pueblos latinos son para él como una revelación: las dificultades que Schoenstatt encuentra en Alemania tienen esencialmente que ver con la “mentalidad germana”, tal como se ha desarrollado allí también en los círculos de iglesia, en último término debido a la reformación protestante. Las resistencias inacabables contra una devoción marcadamente mariana son el resultado de esa forma de pensar y de vivir racionalista.” Hasta aquí el Padre Boll.

La dedicación del Padre Kentenich en los países de la América latina durante los años 1947 y 1951 será determinante para el crecimiento del Movimiento de Schoenstatt en esta región y posteriormente en el mundo. Sólo en contadas ocasiones regresa al lugar de Schoenstatt en Alemania, en donde tiene que constatar que en muchos círculos de la iglesia alemana están surgiendo críticas ante la orientación mariana y pedagógica del Movimiento. Por este motivo el Fundador cree oportuno solicitar al obispo de su diócesis que mande a Schoenstatt una comisión para hablar sobre los diferentes temas. Él deseaba que su movimiento tuviera una aprobación sin reservas de la autoridad eclesiástica.

En mi próxima entrada reflexionaré sobre lo ocurrido a partir de febrero de 1949 con la visitación episcopal en Schoenstatt y todos los acontecimientos posteriores.
El autor de este libro, G. Boll, acababa de conocer por esas fechas la juventud masculina del Movimiento y deseaba entrar en el noviciado de los Palotinos para desde allí, como sacerdote,  servir a los fines y a la misión del Movimiento. El Padre Boll tenía entonces 18 años.


lunes, 11 de agosto de 2014

En un cambio de época

El Padre Boll escribe sobre el Fundador de Schoenstatt, Padre José Kentenich, como pedagogo y fundador. No es de extrañar que ya al comienzo de su libro nos hable del contexto histórico en el que su personaje vive y actúa. Pero me doy cuenta que él va aún más allá: nos llama la atención de que el cambio de época, el final de un tiempo y el amanecer de otro en nuestros días es algo que tiene mucho que ver con los planes que la Divina Providencia tenía con el Fundador y tiene con su familia espiritual, el Movimiento de Schoenstatt. Schoenstatt y su misión no se entenderían sin tener conciencia del cambio de época que nos toca vivir.

En una de las primeras páginas de su libro el Padre Boll escribe: “La vida y la obra del Padre Kentenich se dan en un tiempo de cambios profundos. En todo el mundo se han difuminado tradiciones que existían desde hace siglos y milenios, los cambios sociales enfrentan al hombre ante inusitados desafíos. Este desarrollo va unido por una parte al nacimiento de nuevos valores como democracia, independencia y sobre todo la libertad, no solo para la persona como individuo sino también para toda la sociedad. Por otra parte, esto ha traído consigo para amplios círculos un desarraigo psíquico, miedo e inseguridad; el ambiente que garantizaba orientación y sustento ha desaparecido. La iglesia ha sido arrastrada en esta crisis universal, busca nuevos caminos para transmitir a las personas una posición segura en la fe y una renovada fuerza espiritual. Para muchos este cambio tan radical ha llegado violentamente, de forma súbita y sin preparación alguna, por lo que experimentan todo ello como un descalabro. Se tardará bastante en entender que tal “cambio de escena” no es una catástrofe sino una transformación del semblante de la iglesia en una nueva forma de conformar y transcender el mundo.

Yo mismo tengo a veces la tentación de quejarme por el descalabro que veo a mi alrededor, a veces me preocupa, otras me subleva y las menos me llevan a considerar aquella frase del Génesis (1,31) que dice: Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno”, y que esa mirada y ese pensamiento se refieren también al aquí y ahora, a nuestro tiempo.
        
Ya desde el momento de la fundación del Movimiento, el 18 de octubre de 1914, el Padre Kentenich lo tenía claro. Aquel día dijo a los primeros congregantes: “se acerca con pasos gigantescos un tiempo nuevo”. Más tarde, en el año 1939 escribía: “Todos nos damos cuenta de que estamos ante una catástrofe mundial y ante un cambio radical de los tiempos …”. Y en el 1942 aquello otro tan conocido de: “Muéstranse en el horizonte, reconocibles lenta pero claramente, las grandes líneas de la estructura de un nuevo orden mundial: el mundo antiguo está en llamas.”
Los estudiosos en Schoenstatt recordarán también los textos sobre este tema de la Carta de Nueva Helvecia de 1948 y de la Carta de Octubre de 1949. En los mismos el Padre Kentenich señala a nuestra Madre y Reina María como la vencedora en esta crisis. Ella, la colaboradora permanente del Salvador en toda la obra redentora, quiere redimir este nuevo tiempo y nos invita a seguirla, y a que crezca en nuestros corazones el anhelo de redención de todo nuestro tiempo. Este anhelo acompañó al Padre Kentenich hasta el final de sus días.

Consecuentemente el Padre Boll nos invita en estas primeras páginas del libro a mirar al cambio de época y a los tiempos actuales con la mirada de Dios y a valorar la persona del Fundador de Schoenstatt en su misión para construir la iglesia de las nuevas playas. Sin esta mirada no llegaremos a captar convenientemente la figura del Fundador.


El Padre Kentenich mismo nos recuerda una vez más en uno de sus escritos: “Así creció en nosotros una marcada conciencia de historia, es decir la convicción de una misión creadora de historia de Schoenstatt para la realización de una visión claramente definida del futuro, convicción que emana de una profunda y providencialista interpretación de la historia.” Para nuestra vida privada, comunitaria y social sabemos que la interpretación de las voces del tiempo es una de las fuentes fundamentales para conocer en todos los campos la voluntad de Dios.


lunes, 4 de agosto de 2014

El libro y su título

Tengo sobre mi mesa el último libro del Padre G. Boll que la editorial alemana “Patris Verlag” publicó a finales del año 2012. Se trata de una excelente edición con los textos y reflexiones que nuestro querido P.Boll fue guardando en su corazón desde aquel su primer memorable encuentro con el Padre Kentenich, fundador de Schoenstatt, en Milwaukee/USA, a finales de los años cincuenta. Era entonces el tiempo del exilio del fundador. El Padre Boll cuenta que “la impresión de su personalidad y su influencia constante fueron tan fuertes que marcaron toda mi vida”

El libro se publica como regalo agradecido al fundador por el centenario de su actuación pedagógica en aquel histórico día 27 de octubre de 1912. Se trata de ofrecer al lector una nueva posibilidad de captar la originalidad de la persona del fundador de Schoenstatt y su valioso aporte para delinear y desarrollar un nuevo rostro de la iglesia del mañana. Es un libro que habla de José Kentenich como pedagogo y fundador carismático de un nuevo Movimiento de la Iglesia de nuestros días. Son pensamientos que nos tocan a nosotros, los hijos de Schoenstatt, pero que quieren ir más allá, desean regalar a los demás miembros de nuestra iglesia una visión más cercana del Padre Kentenich.

Me llamó la atención desde el primer día que tuve el libro en mis manos el título del mismo: “… vor allem mein Herz – Joseph Kentenich – Pädagoge und Gründer”.     En español: “… ante todo mi corazón – José Kentenich – Pedagogo y fundador”. La frase que la editorial destaca en la portada del libro “… ante todo mi corazón” me hizo pensar.

El que conoció al Padre Boll sabe que su corazón de hijo latía de forma especial por el padre que la Divina Providencia le regaló en la persona del Padre Kentenich. Su amor filial hizo que durante todos los años de su vida intentara captar la inmensa riqueza de la personalidad del fundador para poderla dar a su vez a los que Dios puso en su camino de educador de nuevas generaciones en la comunidad de los Padres de Schoenstatt y en nuestro Instituto de Familias de Schoenstatt. El Padre Boll mismo dice que, en definitiva, se trataba de un intento que debía acometer, en último término como agradecimiento al Fundador y al mismo Dios por todo lo recibido. Así que me imaginé al autor del libro manifestando públicamente los sentimientos de su corazón. El corazón del hijo que le dice al padre: "... ante todo mi corazón".

Los que conocemos la historia de Schoenstatt sabemos que el Padre Boll toma estas palabras de la primera charla que el Padre Kentenich, entonces joven sacerdote, dirigió en su primera reunión a los chicos del internado de los Palotinos que le habían sido encomendados como padre espiritual. Fue el 27 de octubre de 1912. Entonces les dijo entre otras cosas: “Yo me pongo enteramente a su disposición, con todo lo que soy y tengo; con mi saber y mi ignorancia, con mi poder y mi impotencia, pero, ante todo, les pertenece mi corazón.” Este ofrecimiento del padre espiritual captó los corazones de los jóvenes. El Padre Boll nos dice que esta actitud marca como una melodía básica toda la personalidad del Padre Kentenich hasta el final de sus días, y encuentra un reflejo de la misma en toda la espiritualidad y pedagogía de Schoenstatt. Es también la actitud básica de todo educador.

Tengo que reconocer finalmente que al leer el título referido tuve la intuición de que una mano femenina tenía algo que ver con el mismo. Y he aquí que el mismo Padre Boll confirma mi intuición y me revela el secreto en la página 342 del libro. En la misma agradece de una forma especial a Monika Arndt, esposa de un matrimonio miembro del Instituto de Familias de Schoensatt, por su colaboración práctica e inspirativa durante toda la preparación de los textos publicados; la forma y el contenido del libro se fueron concretando en múltiples conversaciones entre los dos. En uno de estos intercambios, reconoce expresamente el P. Boll, surgió la idea de poner al libro el título: “ … ante todo mi corazón”. ¡Gracias, Monika, fue una buena idea!

En las próximas semanas traeré a este Blog los pensamientos que me sugiera la lectura de los diferentes capítulos del libro. Me atrevo a invitar a mis lectores a que completen con sus comentarios y aportaciones lo que falte en mis futuras reflexiones. Gracias.


lunes, 21 de julio de 2014

In memoriam del Padre Günther M. Boll





El Padre Günther M. Boll falleció el día 16 de julio de 2014. La web oficial de Schoenstatt (www.schoenstatt.org) acaba de publicar un artículo - obituario - escrito por el Padre Theo Breitinger, Superior de la Provincia de Sión de los Padres de Schoenstatt, y que los lectores de este Blog podrán leer en el documento "pdf" cuya dirección indicamos a continuación: http://www.schoenstatt.org/es/uploads/news/2014/Obituario%20P.%20Boll.pdf .

Mi esposa y yo fuimos miembros de la Dirección General del Instituto de Familias de Schoenstatt durante los años 1994 hasta el 2006. En los últimos ochos años de nuestro mandato el Padre Boll nos acompañó como Asistente Espiritual de la comunidad. Nuestra relación personal fue estrecha; su cercanía nos posibilitó conocer y valorar convenientemente muchos aspectos de la vida y de la pedagogía del Padre José Kentenich, fundador del Movimiento Apostólico de Schoenstatt, por lo que le estamos profundamente agradecidos. Acabo de regresar de Schoenstatt/Alemania, en donde pude acompañar el funeral y sepelio correspondientes.

El Padre Boll publicó antes de fallecer en la Editorial Patris Verlag de Alemania un libro titulado "... vor allem mein Herz - Joseph Kentenich - Pädagoge und Gründer". Queremos considerar el contenido de este libro como su  legado para que los miembros del Movimiento y otros círculos de la Iglesia universal puedan conocer mejor y apreciar el carisma del Padre Kentenich.

En este Blog quiero publicar algunas reflexiones personales inspiradas en la lectura de los diferentes capítulos del libro mencionado. Con ello deseo contribuir también a que la figura del Padre Boll, como hijo predilecto del Padre Fundador de Schoenstatt, sea conocida y apreciada en otros círculos.